La traición debería ser uno de ellos, es y será el primero,
junto con la cobardía de tus ojos...
tú cobardía, que todavía no entiendo
ni quiero entender, todavía.
La pena sería el tercero,
mi pena de sentir pena,
mi pena de sentirte lejos,
la pena de sentir pena por mi,
¿llegaré a sentir miedo de sentir pena?,
ojalá y así por el miedo,
dejo de sentir pena.
Y ese es otro,
ese llamado miedo,
el que te paraliza,
el que me irrita,
el que no dejas de sentir,
porque no quieres asumir.
Después vendría la ingratitud
y el no extrañar(me) también,
juntos deberían llevarte al infierno
y devolverte después de un tiempo
agradeciendo(me), extrañando(me).
Y luego, el arrepentimiento,
ese que te hace volver,
girar en sentido contrario,
que no te deja mirarme cuando te miro,
que te hace decir algo y no terminar la frase,
ese que no me deja escuchar,
lo que hace tiempo deberías decir,
y que ambos sabemos lo qué es.
Y terminemos con un octavo,
para romper con todo esquema,
todo rito funerario de expiación*,
toda regla que obligue, coarte, limite,
y ese sería cometido por mi,
yo sería la ejecutora formal,
para sumarlo a mis siete capitales,
y sería el no atreverme,
no arriesgarme,
no saltar a tus brazos,
y obligarte, nuevamente, a besarme.
* Frase de Don Tino Ro.